RECETAS
Pizza de tomate

Si preguntáramos a un italiano sobre cuál es la pizza perfecta, se generaría un debate similar al que nos ocurre en España con la tortilla con o sin cebolla. ¿Las prefieren de estilo romano? ¿Napolitano? ¿Con base blanca o pizza de tomate? Lo cierto es que la pizza admite casi cualquier postura, cualquier masa, cualquier base, y aun así nadie termina indiferente.
Hay quien no concibe una pizza sin su capa de mozzarella y quien defiende con fervor la base de tomate como la única opción legítima. En Domínguez, en esta ocasión, nos quedamos con el segundo bando, y le sumamos nuestro Bacalao Salvaje Ahumado como protagonista indiscutible.
El eterno debate: ¿pizza de tomate o pizza blanca?
El enfrentamiento entre la pizza roja (pizza de tomate) y la pizza bianca (con base de quesos) atraviesa generaciones, ciudades y escuelas de pizzaiolo. La base de tomate es la más antigua, la que define la imagen colectiva de este plato. La variante blanca, sin embargo, ganó terreno en Roma y en el norte de Italia, donde la crema, la mozzarella o el aceite reemplazan al tomate como lienzo del resto de ingredientes.
Ni una ni otra gana por goleada. Cada una tiene sus momentos, sus defensores y su lógica. La de tomate lleva consigo la memoria del Mediterráneo, el tomate San Marzano que crece a los pies del Vesubio, el ajo, la albahaca.
Y cuando hablamos de pizza con tomate, el territorio es inmenso: tomate seco, cherry asado, tomate confitado… Cada variante aporta una concentración distinta y una textura diferente sobre la base.
La blanca seduce por su suavidad y su capacidad para dejar brillar ingredientes más delicados. Cuando el ingrediente principal es un ahumado de calidad, la base de tomate actúa como contraste perfecto: su acidez natural equilibra el sabor profundo del bacalao ahumado.
La masa: el otro gran debate
Si el topping divide, la masa no se queda atrás. Existen tantas corrientes como regiones. La napolitana se caracteriza por sus bordes abultados y alveolados, fruto de una fermentación lenta. La romana es más fina y crujiente en toda su superficie. Y luego está la conocida como thin crust, la preferida de quien busca que la pizza cruja desde el primer mordisco hasta el último.
La thin crust -literalmente, corteza fina. define una pizza donde la masa es un vehículo más que un protagonista: poco grosor, borde estrecho, casi sin miga, máxima textura en cada bocado. Se trabaja con menos cantidad de harina y se estira hasta el límite, logrando esa base crocante que soporta el topping sin ceder.
Nuestra versión: pizza de tomate fina con bacalao ahumado y aceituna negra
En Domínguez apostamos por una base muy fina y crocante, en la que la salsa de tomate actúa como fondo y el Bacalao Ahumado Salvaje en finas Lonchas es el producto que cambia el plano por completo. Sus lonchas, cortadas a mano con precisión, se incorporan una vez la pizza sale del horno para preservar todos sus matices. El calor residual de la base es suficiente para atemperarlas y dejar que el aroma del ahumado se abra con naturalidad.
La aceituna negra, en rodajas finas, cierra el conjunto con un toque salino que recuerda, sin exagerarlo, a las mejores pizzas del litoral mediterráneo.
Si te gusta recrear pizzas con producto Domínguez, te invitamos a descubrir nuestra pizza de salmón ahumado, una versión de base blanca con Dados de Salmón Ahumado Suprême que conquista desde la primera vez que la pruebas y también nuestra pizza napolitana con Boquerones Especiales.
Para la masa fina:
- 200 g de harina de fuerza (tipo 00 si es posible)
- 120 ml de agua fría
- 5 g de sal
- 1 g de levadura seca
- 1 cucharada de AOVE
Para el topping:
- 80 g de Bacalao Salvaje Ahumado
- 100 g de tomate triturado o rallado
- 8-10 aceitunas negras
- Orégano seco
- AOVE
Mezcla la harina con la levadura y la sal. Incorpora el agua poco a poco y el AOVE. Amasa durante 8-10 minutos, hasta obtener una masa lisa.
Deja reposar la masa tapada a temperatura ambiente durante 1-2 horas. Si tienes tiempo, puedes guardarla en la nevera entre 12 y 24 horas para mejorar el resultado.
Precalienta el horno a temperatura máxima, entre 250 y 275 °C, con la bandeja dentro. El calor intenso desde abajo ayuda a conseguir una base más crujiente.
Estira la masa sobre papel de horno con ayuda de un rodillo, desde el centro hacia los bordes, hasta lograr una base muy fina y uniforme.
Extiende el tomate sobre la masa, dejando un pequeño borde libre y espolvorea el orégano.
Distribuye las aceitunas negras cortadas en rodajas sobre la base de tomate.
Hornea durante 8-10 minutos, hasta que el borde esté dorado y la base quede crujiente.
Saca la pizza del horno y deja que repose un minuto. Dispón las lonchas de Bacalao Ahumado en Aceite sobre la base atemperada y termina con un hilo de AOVE.
- Gluten
- Pescado







